Hola, yo soy Rubén y esto es El parche de Odín, el podcast personal de un oftalmólogo entre los países nórdicos y España. Este es el episodio 265 y se titula «Trampas en el examen MIR». Pero antes de empezar con el tema, tengo que dar varias noticias o varios avisos, a ver si no me entretengo demasiado para que no quede el podcast demasiado largo.

Con respecto al episodio anterior, el 264, en el que hablo de la renovación del carné de identidad de mis padres y las dificultades que tuvieron, quería agradecer a Alberto, del podcast Papafriki, entre otros, que en su último episodio, a fecha de cuando grabo el mío —en su episodio 478 de Papá Friki del 21 de mayo—, haga una respuesta al mío sobre el DNI. Estuvo comentando que lo ideal es que el DNI tenga la información correcta para que no sucedan los inconvenientes que tuvieron mis padres cuando fueron a renovar su carné de identidad. Pensaban que no hacía falta fotografía porque no había cambios; presuntamente no los había porque ellos no se habían mudado, pero un cambio del nombre de la calle, a efectos prácticos, es como si tú te hubieras mudado.

Bueno, lo que expliqué en mi episodio anterior, lo comentaré ahora desde la perspectiva de un profesional, de alguien que se dedica a renovar el DNI. Es un capítulo muy recomendable, porque sigue el tema del mío. Dejaré en las notas del programa el enlace al episodio de Papafriki, por si te interesa oírlo. Y muchas gracias, Alberto, por hacer respuesta a lo que he comentado, simplemente para dar carpetazo al tema.

Como ya dije en mi episodio pasado, mis padres no pudieron hacerlo al instante. Al final se hicieron la fotografía el mismo día, pero no tuvieron tiempo o ya no pudieron hacerlo en ese momento. Con lo cual, tuvieron que pedir fecha para otro día y les daban una cita para 15 días después. Era bastante inconveniente, porque tenía que hacer unos trámites con el notario y se pasaban de plazo. Mi padre explicó la circunstancia por teléfono: «Hace unos días me dieron cita, pero tuvimos este problema, no pudimos hacerlo en ese día y ahora me mandan para 15 días después». Por el inconveniente, la persona que le cogió el teléfono entendió que las circunstancias eran especiales y, al final, en vez de darle la cita normal, apuntó a mis padres en un libro de citas especiales o para circunstancias concretas.

Total, que le dieron cita mucho antes y, en ese momento, ya se había dado cuenta de que, efectivamente, había habido problemas. La última vez no pude acompañarles, pero esta vez sí, por si pasaba algo o había algún problema, y así les ayudaba con los trámites que tienen. En esta segunda ocasión, la cosa fue mucho mejor; fue todo sin problemas. El funcionario que nos atendió fue muy amable y muy paciente con mis padres, en especial con mi madre, que tenía ciertas dificultades para realizar los trámites e incluso para poner las huellas. Fue muy paciente con ambos y la verdad es que fue todo fenomenal. Supongo que al final depende de quién te toque en cada día, pero en esta segunda ocasión fue todo bien.

A cuento del episodio anterior, me envió un correo electrónico una amable oyente del Parche de Odín. A propósito de las anécdotas con la burocracia y los problemas de discapacidad, me explicó las suyas, que eran de mayor envergadura que las dificultades que tuvieron mis padres. Me explicó que algunos pasos para hacer el carné de identidad que nosotros damos por supuesto, algunas personas no los tienen tan fáciles. Me comentaba el caso de un familiar cercano suyo: lo de hacer una foto bien centrada, correcta, donde se le vean los ojos, que es un requisito para el DNI, pues a algunas personas no es tan fácil. O sea, a veces cada pequeña cosa, cada pequeño requisito que para la mayor parte de nosotros no tiene mayor importancia, entraña dificultades para algunas personas.

Y una cosa que no tenía ni idea, y que la persona que me escribió el correo tampoco tenía, pero que está muy bien, es que en un momento dado puedes pedir que el personal del DNI, de la renovación del carné o de la creación del DNI, acuda a tu casa cuando las circunstancias así lo requieran. Cuando hay personas con grandes dificultades de movilidad, cognitivas o conductuales, acudir a las oficinas y esperar trae grandes problemas; si esas personas están más tranquilas en su propia casa, van a colaborar mejor. Bueno, pues existe esa posibilidad. No tenía ni idea, pero para personas con grandes discapacidades o problemas de este tipo —no lo que estaba explicando con mis padres, sino otro tipo de dificultades—, existe ese servicio. No lo sabía, no tenía ni idea, y la verdad es que está genial.

Dejando ya el tema de mi anécdota concreta con el DNI, también tengo que aclarar algunas cosas de mi episodio anterior que supongo que no expliqué bien. Tampoco era el tema central, pero como luego surgió una discusión en el grupo de Telegram sobre la memoria histórica y todo eso, hay un par de puntos que quiero aclarar.

Primero, yo estoy de acuerdo, personalmente —y esto es una opinión personal—, en cambiar el nombre de la calle. A priori, con esa idea de tener nombres de soldados, pilotos o personas que hayan tenido un papel en la Guerra Civil, sí se está del lado nacional mal. Pero, en general, personas que han tomado parte en la Guerra Civil, y eso significa que hemos estado matándonos entre nosotros; yo no, porque soy más joven, pero estoy de acuerdo en cambiarlo.

Ahora bien, siempre hay que tener consecuencias de los actos y no confundir primero lo que a nosotros nos parece bien o mal —ya he dicho mi opinión subjetiva— con la valoración objetiva de daños y beneficios de cada acto, de cada cambio, de cada normativa que hacemos. Una cosa es lo que a nosotros nos parece bien, nuestro sentido de justicia, de honor, de sentirse ofendido o no sentirse ofendido por nombres de calles o por lo que sea. Eso puede ser más o menos respetable y entendible. Y otra cosa es la valoración objetiva de daños y beneficios que hacemos con los cambios. Y eso era lo que quería enfatizar. No he estado diciendo «me parece fantástico que sigamos con nombres franquistas en las calles». No. Pero entiendo lo que es una versión subjetiva mía de lo que puedo sentir, el daño que me hacen a mí. Lo subjetivo y lo objetivo que es, y el daño que significa hacer este tipo de cambios y, sobre todo, cómo se hacen. Eso es un poco lo que quería explicar, porque parece que no quedó bastante claro.

Y en este caso concreto, por ejemplo, un cambio de calles, mi versión sería que un cambio de este tipo, que toma la administración por su cuenta, tendría que ser responsabilidad de las administraciones y no del ciudadano el solucionar los inconvenientes. Es decir, si tú te mudas, es responsabilidad tuya hacer los cambios de dirección en las administraciones pertinentes. ¿Me puede parecer medianamente bien? Realmente no, me parece fatal, porque ya sé cómo funciona en Suecia. Si se puede hacer, es relativamente fácil; de conseguirlo tardará su tiempo, pero estamos ya en 2026. Con lo cual, no, me parece fatal. Pero bueno, vamos a admitirlo.

Pero lo que no es de recibo es cuando tú no te has mudado, sino que es la administración la que decide, con buen criterio —no discuto el criterio—, pero decide: «vamos a cambiar el nombre de la calle». Con lo cual, estos cientos o miles de personas, automáticamente, sin que ellos se hayan mudado, tienen este problema. Bueno, pues tendría que ser la administración la que se encargue de solucionar el problema, en lugar de que esas personas, de forma individual, tengan que ir a cambiar esa dirección.

Y, además, estamos hablando del daño o de lo que significa la ofensa o el sentimiento, que significa tener nombres de personas que han luchado, que han matado en una guerra y estaban en el bando sublevado, en el bando del golpe de Estado. Por supuesto, yo lo comparto, pero también entiendo que estamos hablando de sentimientos subjetivos. Y cuando el beneficio o el inconveniente se basa en sentimientos, ¿cómo lo estamos evaluando a un nivel legal, legislativo y normativo? Es que eso es muy difícil de legislar, porque no podemos objetivar, medir y comparar el daño y el beneficio que hacemos de cada norma, de cada cambio legislativo. Y claro, legislar basándose en sentimientos es complicado. Yo creo que ambos lados del espectro político juegan a ese juego, y es un juego que... No digo que no se deba o no se pueda hacer, pero hay que hacerlo con cuidado y con un poquito más de objetividad. Tanto los de izquierdas juegan con el tema de la memoria histórica; no digo que "jueguen", pero en un momento dado se puede exacerbar, exagerar, utilizar el motivo y puede convertirse en una excusa para hacer cosas de una manera no adecuada. Y lo mismo desde derechas, con los sentimientos religiosos y temas como el aborto, los matrimonios homosexuales y tal. En ambos lados del espectro, al final, se alude a sentimientos, a ofensas, a cosas subjetivas. No digo que no se deba o no se pueda, pero creo que tenemos que tener mucho cuidado con medir cómo comparamos este sentimiento subjetivo con los daños objetivos que hacemos a otras personas.

Dicho esto, que ya me ha comido casi diez minutos, vamos al tema de hoy: quiero hablar de las trampas en el examen MIR. Es un tema de hace ya varios meses; no he querido hablar de él antes, pero si es una cosa urgente o superimportante que había que contarlo en el momento, sí quería, en un momento dado, explicarlo, ya pasadas un poco las primeras semanas de polémica.

El caso es que en el examen MIR de este año ha habido polémica con el número 1 y también con algunos de los primeros diez puestos. Ya sabéis que el examen MIR, el examen de acceso al MIR, ocurre todos los años desde hace 40 o 50 años, creo, una cosa así, desde hace mucho tiempo, y eso es lo que permite a los médicos acceder a su formación especializada. El estudiante de Medicina estudia seis años, obtiene el título de médico, pero no puede ejercer en la sanidad pública y tampoco en la mayoría de los casos en la sanidad privada, porque incluso ejercer lo que antes se llamaba Medicina General y que podemos llamar ahora Atención Primaria es una especialidad de cuatro años que se llama Medicina Familiar y Comunitaria. Con lo cual, el paso casi obligatorio en España —no obligatorio porque en la privada no es así— para ejercer como médico asistencial, para atender enfermos, es especializarse; hay que realizar una especialidad y, para ello, hay que hacer este examen. En este examen, si no sacas buena nota, no puedes elegir la especialidad ni el lugar que quieres; suspendes o simplemente no llegas a la nota correcta y tienes que repetir el MIR o buscarte la vida de alguna otra forma.

Todos los que nos hemos formado en España como especialistas hemos hecho el examen MIR. Yo también lo hice hace ya mucho tiempo y es uno de los aspectos diferenciales en la formación y el acceso a la formación que hay en España. En otros países europeos, con un sistema sanitario similar, por ejemplo los sistemas nórdicos, realmente el acceso a esta especialidad no se hace con un examen de acceso nacional objetivo y comparable entre todos. No digo que sea justo, pero es por lo menos objetivo y todos enfrentan al mismo reto, a la misma dificultad. En otros sitios no va con examen, sino con entrevistas: simplemente vas a un sitio, te entrevistan y puedes incluso empezar a trabajar con ellos no como médicos residentes, sino en otro puesto que no existe en España; si les caes bien, ya te ofrecen la plaza para formarte allí. Ya hice un episodio explicando concretamente cómo funciona en Suecia, las ventajas que tiene, sobre todo para el estudiante o el médico, porque no tiene que aprobar un examen MIR ni enfrentarse a miles de compañeros para sacar una nota. También los problemas, los inconvenientes que tiene para el propio sistema sanitario en conjunto, porque no estás eligiendo a las personas por su capacidad de trabajo, de estudio, de esforzarse o de sacrificio. Con todas las pegas y los inconvenientes que tiene el examen, porque no lo mide todo perfectamente, lo mide hasta cierto punto, estamos sustituyéndolo por personas simplemente sumisas que saben plegarse a lo que les dice su jefe. Eso no significa que haga buenos médicos, significa que hace buenos empleados o buenos sumisos a la autoridad. Ya hice un episodio explicando este tema.

Bueno, pues lo que pasó en el examen MIR de este año es que el número uno del MIR, la número uno, la médica que sacó el mejor puesto —es decir, que sacó el número uno entre varios miles de personas que se presentaron este año, como todos los años—, constituye lo que llamaríamos una anomalía estadística o anomalía del patrón. Primero, porque el número de preguntas correctas ha sido mucho más alto que en toda la historia del MIR. Es decir, en toda la historia del MIR, los números uno contestan un número de preguntas con respecto al total, que más o menos todos rondan en torno a un número de respuestas. De hecho, aquí hay mucha estadística, que las academias MIR lo conocen muy bien. Como son muchas preguntas, antes eran 250 o 260 realmente, porque había 10 de reserva; ahora han ido bajando y ahora solo son 200 preguntas.

Pero en general tenemos varias décadas, con examen todos los años, donde se presentan miles de personas, de tal forma que tenemos estadísticas. Y tú vas haciendo simulacros cada semana cuando estás preparando el examen MIR. Tú sabes, más o menos, por los resultados de los años anteriores, que si sacas tantos números de preguntas, más o menos te quedas en este puesto, en este percentil, conociendo tu expediente académico, que cuenta, y con el número. Cuando haces los simulacros, puedes poner tu expediente académico, pones el resultado, cuando te estás enfrentando con otros de tu academia, que pueden ser varios cientos de personas, y calculas tu percentil. Con eso hay herramientas estadísticas muy fiables que dicen: «Bueno, con lo que estoy haciendo en los simulacros durante los meses previos a la preparación, si el examen lo hago más o menos como lo hago con mis simulacros, sabes que te codeas en torno a un puesto 2000, en un puesto 5000». Y eso suele ser bastante exacto. ¿Por qué? Porque se cumple bastante bien. Estamos hablando de leyes de grandes números, se presentan miles de personas y tenemos bastantes décadas de datos para hacer estas estadísticas, y se cumple bastante bien. De tal forma que las personas que se quedan en un percentil 50-60 normalmente sacan un resultado concreto. Y los números más altos, el número uno, el número dos, el número diez, normalmente rondan una serie de cifras.

Bueno, pues este año ha roto todas las estadísticas. Esa persona ha sacado mucho más nota que cualquier otro número uno del MIR en cinco décadas de historia de este examen. Digo cinco décadas, que lo estoy diciendo de memoria. Con lo cual, hay una anomalía estadística importante.

Hay otras anomalías más. ¿Por qué? Porque los números uno y dos, o sea, los primeros diez puestos, pero en general el número uno, tiene un patrón muy concreto. Durante todos estos años suelen ser personas jóvenes; es decir, suelen ser personas que han acabado de estudiante ese año. No suelen ser médicos que se reenganchan al MIR, son personas de treinta y tantos o cuarenta y dos años que se vuelven a presentar o se presentan por primera vez al MIR. Son personas jóvenes, recién salidas de la universidad, o bien personas que han sacado muy buenas notas previamente y se presentan otra vez al examen MIR porque saben que lo pueden sacar. Eso no es tan raro. Personas que han sacado un número uno, un número tres o un número quince en el examen MIR un año y cogen una especialidad, como cirugía maxilofacial. Empiezan y dicen: «Es que no es lo que yo me pensaba». Como saben que son muy buenos y que pueden sacar otra buena nota, al año siguiente se presentan al examen MIR y sacan mejor. Entonces, si un año saca el número siete, el año siguiente saca el número uno. Y entonces, en vez de coger maxilofacial, coge cardiovascular. Bueno, me lo invento, ¿no? Pues eso sí, eso sí, es que existe. Pero en general son personas jóvenes que han sacado muy bien la carrera, personas que tienen muchas capacidades para estudiar y para el examen. Con lo cual, son personas que tienen un expediente muy alto, que antes les han ido fenomenal en la carrera, son fuera de serie a nivel de estudiar. Luego, después de médicos, pues habrá de todo, ¿no?, pero tiene un perfil muy concreto.