El ojo rojo es uno de los síntomas más frecuentes de la oftalmología y no siempre es debido a una conjuntivitis. ¿Quieres saber las otras causas que puede haber detrás? Hoy te lo cuento. Ocularis, el podcast de salud visual con el oftalmólogo Rubén Pascual. Bienvenido al episodio segundo de febrero de 2026. Comenzamos.

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Hola y bienvenido al podcast de Ocularis sobre salud visual y oftalmología. Soy Rubén Pascual, oftalmólogo y divulgador a través de este podcast y del blog ocularis.es. Este es el episodio segundo de la décima temporada correspondiente al mes de febrero de 2026. Vamos a seguir con el tema que abrimos en el episodio pasado, al inicio de la temporada: vamos a seguir hablando del ojo rojo, uno de los síntomas más importantes y más frecuentes de la oftalmología y de la salud visual. El otro día, el mes pasado, estuvimos hablando de la cosa más frecuente y quizá más conocida, que es la conjuntivitis, pero hay otras muchas causas del ojo rojo. Entonces no vamos a entrar en gran detalle en todas ellas, pero vamos a hacer un recorrido, lo que llamaríamos en medicina un diagnóstico diferencial.

Pero antes, en la sección de noticias e investigación, tenemos que hablar otra vez de estrategias de prevención de la miopía, concretamente en una estrategia que ya estuvimos hablando hace no mucho, en el episodio noveno de la temporada pasada, la temporada 9, concretamente en septiembre de 2025. Estuvimos hablando de la luz roja y tenemos noticias nuevas, tenemos nuevos hallazgos que nos dan más información sobre esta nueva terapia. Y estas noticias, estos nuevos hallazgos no son positivos.

Y al finalizar, en la sección de preguntas de los oyentes, vamos a hablar de un grupo de enfermedades de la córnea: las ectasias corneales. De hecho, ya hemos hablado previamente de ello; hemos hablado de la ectasia corneal más frecuente que es el queratocono, pero se ha quedado en el tintero otras ectasias que por su menor frecuencia suelen quedar relegadas. Y entonces vamos a nombrarlas, vamos a explicarlas no en gran detalle, pero un poco por encima el resto de las ectasias que no son el queratocono: la relación con el queratocono, la relación entre ellas y un poco del tratamiento.

Como decía hace poco, en el episodio 9º de la 9ª temporada, en septiembre de 2025, unos pocos meses antes de la fecha de publicación de este episodio, estuvimos hablando de la luz roja como estrategia de prevención de la miopía. Estudios que estaban saliendo, en los cuales a los niños o adolescentes con miopía se les hacía una terapia en la cual se les irradiaba con luz visible roja; luz que podemos llamar de baja energía en el sentido de que la luz roja como longitud de onda tiene menos energía que las luces más frías: tiene menos energía que el verde, menos que el azul, menos que el violeta. Pero relacionar directamente energía con longitud de onda o con frecuencia, es decir, separar los colores según su espectro electromagnético de los más energéticos del violeta al menos energético que es el rojo, es un poco falsear la realidad, simplificar demasiado porque la energía depende efectivamente de la longitud de onda, pero mucho más a la intensidad de la luz y al tiempo de exposición.

Es decir, para la misma exposición y para la misma intensidad, la misma cantidad de luz que si radia durante exactamente la misma cantidad de tiempo, efectivamente una luz roja va a transmitir menos energía que una luz azul o violeta. Pero esta diferencia, en lo de los colores, es mucho menos importante que la intensidad y el tiempo de exposición. Y parece que, si ya hemos hablado muchas veces de la luz azul que se ha demonizado porque es muy energética, parece que el irradiar o hacer un tratamiento, es decir, enfocar, proyectar a la mácula durante un tiempo prolongado, por el hecho de ser luz roja, podemos estar pensando que no va a ser peligroso.

Realmente lo peligroso de irradiar o dar luz o meter energía al ojo, más importante que los colores o más importante que etiquetas que pongamos: si luz azul es energética, luz roja es poco energética, realmente lo importante es cómo lo estamos haciendo. Si es una irradación, vamos a decir, natural, en la cual es luz indirecta cuando estamos por la calle y entonces estamos mirando luz solar, luz natural de forma indirecta y los mecanismos de control naturales que tienen los ojos para adaptarse y protegerse de una energía excesiva están funcionando; o cuando estamos haciendo una proyección directa con una fuente de energía directa contra la mácula en una situación de que le llamamos "tratamiento", con lo cual no es una exposición normal. Y ahora vamos a ver que eso tiene mucha importancia.

Cuando estuve hablando la otra vez, en septiembre —ya digo, dejaré el enlace a ese episodio en las notas del programa—, estuve siendo como siempre muy escéptico con estas estrategias que son estudios no muy bien diseñados o cortos; más que mal diseñados son estudios muy preliminares iniciales que no están demostrando nada a largo plazo y que sus resultados, aunque puedan parecer positivos, no son extrapolables a la práctica clínica. Y yo criticaba esta estrategia como otras muchas, bueno, como todas prácticamente, de que no están demostrando nada, no están demostrando resultados fiables; de que también dudas de su seguridad. Pero como siempre dejé un poco la puerta abierta: pues quién sabe cuál de estas muchas estrategias que están probándose hoy en día cuál puede demostrar que puede ser eficaz y segura a largo plazo.

También ofrecí ese beneficio de la duda en este tratamiento tan novedoso de la luz roja, pero creo que no con esas podemos ser permisivos o esperanzados, porque lo que voy a traer hoy es una serie de información preocupante de pacientes, de niños que le están haciendo este tipo de tratamientos; que vuelvo a decir, no han demostrado su eficacia y ahora estamos viendo que tampoco han demostrado su seguridad. Primero salieron unos informes aislados preliminares de que algunos niños tratados con esta terapia estaban viendo que empezaban a presentar alteraciones en esa estructura que se les trata. Se les hace seguimiento con OCT, con tomografía de coherencia óptica, que es este aparato que da imágenes de alta resolución; en este caso, de la retina, del centro de la retina, de la mácula. Y estamos viendo alteraciones preocupantes en la estructura de la mácula: algo parecido como a drusas del epitelio pigmentario o drusas o irregularidades o engrosamientos en la membrana de Bruch.

¿Qué es todo eso? Drusas y alteraciones del epitelio pigmentario son lesiones típicas de la degeneración macular asociada a la edad, esa degeneración, esa alteración progresiva de la mácula que sufren las personas mayores. Aunque realmente drusas o lesiones parecidas a drusas aparecen en otras muchas maculopatías, otras muchas enfermedades de la mácula. Es decir, alteraciones más o menos inespecíficas, degenerativas, metabólicas de este complejo: esta relación entre fotorreceptores —los receptores, las células receptoras de luz, sobre todo conos en la mácula— y las células asistentes de estos fotorreceptores, que son las células del epitelio pigmentario. Este complejo fotorreceptor-epitelio pigmentario, cuando se altera metabólicamente por problemas degenerativos, por problemas externos, por otras causas, van a aparecer estas drusas puestos en grosamientos, estas zonas de acúmulo de material de desecho.

En estos primeros resultados o hallados aislados parece que eran alteraciones reversibles. Al cesar el tratamiento con luz roja desaparecían estas drusas, estas alteraciones, y al principio no afectaba la visión, de momento. Pero han salido descripciones y se han ido publicando efectos secundarios sin complicaciones de este tratamiento. De hecho, ya han empezado a sacar unas primeras estadísticas que hablan de que el 7% de los niños tratados desarrollaban cambios en la retina; que podían ser cambios temporales, cambios transitorios que pueden recuperarse, pero estaban ya de un 7% de cambios.

Otro estudio ha demostrado o ha descrito que, al margen de estos engrosamientos y alteraciones, ha visto —y esto puede ser incluso más preocupante— que disminuye la densidad de conos en la retina central, en la mácula, en el centro de la mácula: la densidad de conos, la cantidad de conos que tenemos por unidad de superficie. Nos dan una idea de la agudeza visual. La mácula, y concretamente el centro de la mácula, la fóvea, se caracteriza principalmente por una alta densidad de conos. Cuantos más conos y más juntitos y más apretados los tenemos en la fóvea en el centro de la mácula, mejor es nuestra visión. De hecho, la característica del ser humano es que tiene una gran visión comparado con otros animales, precisamente porque tenemos una gran densidad de conos en nuestra mácula.

Si este tratamiento disminuye la densidad de conos, podemos preocuparnos con razón de que este tratamiento podría afectar a la agudeza visual, a la visión. Entonces esto ya es otro tema. Ya estamos hablando de daños en los fotorreceptores y la retina no puede regenerar los fotorreceptores. Los fotorreceptores, los conos que mueren —porque si hay una bajada de densidad significa que los fotorreceptores mueren— no se pueden regenerar, no se pueden multiplicar. Es como el epitelio pigmentario, otros tejidos, que puede haber daño, pero se pueden regenerar, pueden multiplicarse. Eso no ocurre con los fotorreceptores.

Entonces este daño acumulativo de la luz roja se puede mostrar años después. Entonces el hecho de que hagamos un estudio a seis meses y digamos: "bueno, vemos en el OCT cambios en la retina pero en este estudio en seis meses los niños tratados con esta luz roja no demuestran cambios visuales, no demuestran pérdida". Bueno ya claro es que en seis meses posiblemente no estés demostrando ese daño. Este es un daño acumulativo que se puede demostrar años después. El problema es eso: si ya estás demostrando que está dañando a los fotorreceptores —los receptores—, ya sabemos que no se regeneran. No tenemos que esperar muchos años para estar genuinamente preocupados por este tratamiento.

Con lo cual, en esta constante lucha y persecución de buscar tratamientos que no están avalados realmente por una evidencia científica sólida (porque ninguno le está), pero como hay esa ansiedad, esa necesidad creada socialmente va en contra de los principios de la medicina; pero esa ansiedad de decir: "bueno, es que tenemos que frenar la miopía de alguna manera, aunque no esté demostrado. Venga, vamos a coger el tratamiento, el menos malo". Por lo de siempre, pues los colirios, siempre nos da miedo utilizar fármacos que tienen efectos secundarios conocidos. Las lentillas, pues también tienen sus riesgos y complicaciones, infecciones. Venga, pues vamos con la luz roja.

Bueno, pues la luz roja está demostrando lesiones en la mácula que pueden ser irreversibles; con lo cual la recomendación es primero no utilizar ninguno de los tratamientos porque estamos viendo que ninguno funciona y estamos desplazando el tratamiento que sí que funciona. Te piensas que con la luz roja o con gafas especiales o con unas lentillas especiales o con unas gotas ya estás frenando la miopía y no realizas el cambio de estilo de vida que sí que funciona, que es aumentar el tiempo al aire libre. Lo comentaba el otro día y es así: estamos un poco buscando una solución más fácil pero no demostrada para no realizar lo que funciona de verdad; tampoco es la panacea pero funciona de verdad, pero exige más esfuerzo por nuestra parte.

Pero es que además la luz roja está demostrando unos efectos secundarios, unas complicaciones muy preocupantes, con lo cual la recomendación es muy clara: no hacer este tratamiento. El mes pasado, en el episodio de enero, estuvimos hablando de la conjuntivitis, la inflamación de este tejido que recubre lo blanco del ojo; que es la esclera. La conjuntiva no forma parte propia del globo ocular, pero está muy relacionado con ella, lógicamente: cubre la parte anterior del globo ocular (que no es la córnea), la parte anterior de la esclera o esclerótica, la parte anterior de lo blanco del ojo está recubierta por la conjuntiva y también recubre la parte de atrás del párpado. Ya lo explicamos el episodio pasado: ya hablamos que cuando viene inflamación de esa conjuntiva, normalmente por una infección (por virus o por bacterias), se inflama y es lo que llamamos conjuntivitis.

También puede ocurrir por una causa alérgica no infecciosa. Una conjuntivitis alérgica, junto con la viriquila bacteriana, son las conjuntivitis más frecuentes y además son las causas más frecuentes de ojo rojo. Cuando vemos un enrojecimiento ocular, un enrojecimiento del blanco del ojo, ser por una inflamación primaria, primitiva, que se origina en la conjuntiva. Pero no es la única causa. De hecho, el ojo rojo es un síntoma muy habitual por el cual uno acude al médico para ver qué le pasa. Se suele estar asociado con molestias: a veces con legañas, a veces con dolor, a veces con fotofobia (con mayor sensibilidad a la luz). Pero el aspecto más característico es el enrojecimiento ocular.

Pues a veces ese ojo rojo no se debe a conjuntivitis. No se produce una inflamación de la conjuntiva; o si la conjuntiva reacciona y los vasos de la conjuntiva se dilatan, es de forma secundaria. La causa está no exactamente en la conjuntiva, es otra estructura del ojo: la que se inflama, la que reacciona, y la conjuntiva reacciona de forma secundaria por ser un tejido que está cerca de donde esté el problema. Entonces, ¿cuáles son estas causas de ojo rojo que no son la conjuntiva? ¿Qué diagnóstico diferencial tenemos que hacer cuando un paciente viene con ojo rojo aparte de la conjuntivitis que estuvimos hablando en el episodio pasado?