Me regalaron un tocador por mi cumpleaños

Para mi cumpleaños número dieciocho, me regalaron un tocador antiguo. Era hermoso: de madera oscura, con un espejo grande y cajones pequeños llenos de detalles. Parecía salido de otra época.

Al principio, me encantaba. Me sentaba ahí todas las noches, me peinaba, probaba maquillaje, me miraba durante horas. Era como tener mi propio espacio.

Pero una noche pasó algo raro.

Mientras me cepillaba el pelo, noté que mi reflejo tardó un segundo más en moverse. Pensé que era mi imaginación.

Los días siguientes, empezaron a pasar cosas pequeñas. Mi reflejo sonreía distinto. Parpadeaba en momentos raros. Siempre algo mínimo… pero incómodo.

Hasta que una noche, lo vi claramente.

Yo estaba quieta… y en el espejo, yo me acomodaba el pelo.

Sentí un frío que me recorrió todo el cuerpo. Me levanté de golpe y tapé el espejo con una tela. Desde entonces, casi no lo uso.

A veces, cuando paso por mi habitación en silencio, tengo la sensación de que alguien está sentado ahí… esperándome.

Y lo peor es que sé perfectamente cómo se ve.