Al estilo de Pedro Mairal
autobiografía lectora
Primeros libros como obligación. Lecturas de la escuela, poco interés, páginas que había que terminar más que disfrutar. La sensación de que leer era una tarea.
Un quiebre en quinto de primaria. El corazón delator. Edgar Allan Poe. Una lectura distinta. Intriga, tensión, algo que sí atrapaba. Leer para exponer, pero también para entender qué pasaba. Por primera vez, interés real.

Después, tiempo sin mucha conexión. Y más adelante, la pandemia. Más tiempo libre, más silencio. La lectura aparece de otra forma. Elección propia. Romance, drama, libros que hacen sentir. Boulevard, Hábitos Atómicos, Time Mindfulness. Leer como hobby, como refugio, como algo que empieza a formar parte de la rutina.



Autobiografía escritora:
La escritura como exigencia primero. Consignas, hojas en blanco, dudas. No saber cómo empezar, ni cómo seguir. Miedo a equivocarse, a que no quede bien.
Después, el diario. Escribir sin pensar tanto. Palabras que salen como pueden. Descarga, desorden, sinceridad. Escribir para vaciar la cabeza y, al mismo tiempo, entenderse un poco más. No buscar perfección.
También la incomodidad. Vergüenza de mostrar lo escrito. Sentir que es demasiado personal. Dudar de la coherencia, de las repeticiones, de cómo suena desde afuera. Escribir igual.
Llegada al Taller:
Una mezcla de todo eso. Gusto por la lectura que fue apareciendo con el tiempo. Una relación con la escritura más insegura, más en proceso. Ganas de mejorar, pero también dudas.
Llegar al Taller como alguien que todavía está buscando su forma de escribir. Probando. Equivocándose. Intentando.