"White Women in the Puerto Rican Textile Industry during 1930-1950"

Las mujeres siempre han trabajado de modos informales dentro de la domesticidad, pero en el siglo XX se encuentran forzadas a entrar al mundo público laboral para poder aportar a los ingresos de sus familias. Anteriormente, las mujeres han formado una parte significativa en la industria del tabaco y de servicios personales, sin embargo, la magnitud de la mano de obra femenina en la industria de la aguja y el auge inmenso que tuvo lo pone en una de las industrias más importantes para el país.

Desde los principios del siglo XX, existían intereses norteamericanos en la manufactura de productos textiles y de ropa en Puerto Rico como consecuencia de una serie de huelgas por parte de costureras estadounidenses que reclamaban mejores condiciones de trabajo y sueldos más altos (González García, 1993). Buscando una mano de obra más económica, recurren a las mujeres puertorriqueñas. Puerto Rico ya mostraba el potencial de la industria por la importancia cultural que se le otorgaban a la costura y trabajo de la aguja. La mayoría de las mujeres y niñas ya estaban familiarizadas con estos tipos de tareas que fueron enseñadas por sus madres, abuelas o vecinas (González García, 1993). Unas de las primeras personas en venderle productos puertorriqueños a Estados Unidos fueron Brígida Román y María Luisa Arcelay que recopilaban piezas hechas por pequeños grupos de mujeres y luego se las enviaban a sus conexiones norteamericanas (González García, 1990). Este fue el ‘blueprint’ del resto de la industria de la aguja. Mujeres comúnmente trabajaban desde sus casas y les enviaban sus piezas terminadas a sus agentes. Ellos luego se lo enviaban a sus contratistas o a manufactureros norteamericanos que dispersaban los productos alrededor de los Estados Unidos (Hernández Angueira, 1993).

A través de los años, la industria continua su popularidad y en la década del ’30 de convierte en la industria que más emplea a mujeres en el país (Muñiz-Mas, 2015). En gran parte, estas mujeres fueron forzadas a trabajar por la crisis económica que ocurría en la Isla y sus ingresos fueron usados como métodos de sobrevivencia para sus familias. Mientras la cantidad de desempleo masculino y complicaciones en el cultivo de la caña y tabaco aumentaban, el auge de la industria de la aguja crecía. En la década del 1940, la industria estaba en su punto de mayor auge, teniendo un valor de $5.8 millones en el 1941 a subir a $21 millones en el 1945, dado al aumento de materiales crudos que se trajeron para desarrollar y por la Segunda Guerra Mundial (Muñiz-Mas, 2015, 188). En el año fiscal del 1946-1947, se reportaron 72,938 empleadas trabajando desde sus casas. Sin embargo, en el año fiscal del 1949-1950 se reportaron solamente 57,000 (Muñiz-Mas, 2015, 190). Esto indica un declive inmenso en la mano de obra e indica los comienzos del decaimiento de la industria por el fin de la Guerra y por reformas hechas como parte de Manos a la Obra que mejoraron las condiciones laborales para los hombres (Muñiz-Mas, 2015). Como consecuencia, no había mucha necesidad para que las mujeres trabajaran por su cuenta.

Mujeres blancas, negras y criollas participaron en la industria de la aguja durante su auge, pero esta investigación se estará concentrando en cuáles eran las empleadas típicas en la industria y cómo juega el factor de raza. Combinando los datos recopilados por Ángel Quintero Rivera y José Medina Comas se pueden analizar datos censales de ciertos años y aplicarlos a los números de empleadas que tuvo la industria de la aguja. Se concentrarán los datos desde el 1930 hasta el 1950, intentando seguir los años de mayor producción de la industria y cómo cambia el perfil de las empleadas cuando empieza a decaer. También, se estarán utilizando los datos censales de mujeres blancas específicamente porque las posibilidades restantes son únicamente las mujeres negras. Se utilizarán las variables MBLANC30, MBLANCA40 y MBLANCA50 para cuantificar la población de mujeres blancas en cada año y las variables OMOTM3, OMOTM4 y OMOTM5 para proveer la cantidad de mujeres empleadas en otras industrias, es decir, la industria de la aguja. Debido a esta información, se esperaría que los patrones de crecimiento y decaimiento de la industria de la aguja durante el 1930-1950 serían reflejados en los números de costureras blancas que trabajan para la misma.

En las tablas que se desarrollaron para esta investigación, las variables dependientes se destacaron como la población de mujeres blancas en los años correspondientes y las independientes como la cantidad de mujeres en la industria de la aguja en el 1930, 1940 y 1950.

Tabla 1. Mujeres blancas por la cantidad de mujeres que trabajaron en la industria de la aguja, 1930

Fuentes: Datos adaptados de Quintero Rodríguez, 1985; Medina Comas, 1991.

En la tabla 1, se pueden visualizar las variables mencionadas anteriormente del año 1930. La columna 4 indica los municipios donde había mayor concentración de mujeres blancas y la fila 4 señala los municipios con mayor cantidad de mujeres en la industria de la aguja.  Además, todos los porcentajes mayores se destacan en negrillas para simplificar el análisis de la información en las tablas. En la primera fila el porciento mayor se repite tres veces, 26.32. En la segunda, el porcentaje más alto es el 36.84 que cae bajo la columna 3. En la tercera y cuarta fila los números mayores son el 42.11 bajo la columna 1 y 45.00 bajo la columna 4 respectivamente. Se podría trazar una línea diagonal de izquierda a derecha por encima de los porcentajes más altos, aun así, algunos números no quedarán bajo la línea del tal modo que la correlación entre las variables existe, pero no es innata. Es decir, había mujeres blancas trabajando en la industria de la aguja en el 1930, pero estaban aproximadamente en las mismas o menos cantidades que las mujeres negras.

Tabla 2. Mujeres blancas por la cantidad de mujeres que trabajaron en la industria de la aguja, 1940

Fuentes: Datos adaptados de Quintero Rodríguez, 1985; Medina Comas, 1991.

En la tabla 2, se destacan los porcentajes del año 1940. En las filas 1 y 2, los porcentajes mayores son 47.37 y 36.84. Luego en la fila 3, el numero más alto es 42.11 bajo la columna 4. Por último, en la fila 4, el mayor es 45.00 bajo la columna 3. Similar a la tabla 1, se podría trazar una línea diagonal que incorpora una cantidad de los porcentajes mayores, pero también tiene sus excepciones en la fila 3 y 4. La cantidad de porcentajes mayores que estén sobre o cerca de esta línea diagonal indican una mayor cantidad de mujeres blancas en la industria de la aguja.

Tabla 3. Mujeres blancas por la cantidad de mujeres que trabajaron en la industria de la aguja, 1950

Fuentes: Datos adaptados de Quintero Rodríguez, 1985; Medina Comas, 1991.

La tabla 3 es la tabla que muestra más conexión entre las dos variables, más aún que en las primeras dos. Se puede trazas una línea diagonal casi perfectamente que incluya el 57.89 de la primera columna, 36.84 de la segunda y 36.84 de la tercera. No es hasta la fila 4 que hay una inconsistencia, donde el porcentaje mayor cae bajo la columna 3 en vez de la 4. Aun así, no se puede negar la correlación que existen con las variables de las mujeres blancas en el 1950 y las mujeres en la industria de la aguja en el mismo año.

Analizando y comparando las tablas 1 y 2, existe un aumento en las mujeres blancas en la industria textil para el 1940, que son los últimos datos recopilados antes de que cae la industria. Considerando que miles de mujeres cesan de trabajar como costureras en el 1947, es esperado que en el 1950 el número de mujeres blancas caiga drásticamente. Sin embargo, la tabla 3 señala que en el 1950 fue cuando la mayor cantidad de mujeres blancas trabajaron para la industria. Aunque estos datos no hacen sentido con el contexto histórico explicado anteriormente, pueden señalar otra situación. El perfil de las empleadas en la industria de la aguja cambió a partir del 1947.

En el 1930, se puede aproximar un número similar de mujeres negras en la industria a mujeres blancas de acuerdo con los datos de Quintero Rivera. Tomando en cuenta que el 1940 representa un año de mayor auge de la aguja, aumenta el número de mujeres blancas. Incluso, hace sentido que la cantidad de mujeres aumente de una forma u otra. La explicación más probable para el aumento mayor de mujeres blancas en el 1950 sería que debido a que no se necesitaba la misma intensidad de producción que durante la guerra, cambia el perfil de las empleadas que los agentes necesitan. Después de la guerra, las mujeres empezaron a concentrarse más en el trabajo asalariado que el salario por pieza que recibían como costureras. Es decir, la población femenina se traslada al “sector industrial y en el de los servicios” (Baerga, 1993, 21). El fin de la Guerra influye en que se comiencen a desindustrializar los centros urbanos occidentes para buscar mano de obra más económica en otras partes del mundo como México y Asia (Baerga, 1993). Por esto muchas fábricas abandonan Puerto Rico en busca de otros países. Aunque la industria de la aguja en Puerto Rico no era concentrada en fábricas, decae porque compañías multimillonarias buscan mano de obra en otros lugares. Por lo tanto, baja la demanda para productos textiles y se des-intensifica la producción en la Isla. Este aumento de mujeres blancas en la industria señala que otro tipo de mujer estaba trabajando, tal vez de manera menos fervorosa porque las contratistas se movían hacia otros países o en un espectro más local.