"Woman and Pharaoh: The case of Hatshepsut in Ancient Egypt"

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INTRODUCCIÓN

Las iconografías hechas a través de todo el periodo de Antiguo Egipto son caracterizadas por su importancia política, religiosa y social. El caso del faraón Hatshepsut no es muy diferente. Denominada como una de las mujeres en poder más importantes en la historia egipcia, Hatshepsut utilizó iconografías para documentar un cambio drástico de su apariencia y género (Fletcher, 2017). Esta transición deja un sinnúmero de dudas dentro de expertos en los diferentes campos de la arqueología cuir, historia del arte, etc. En esta propuesta se intenta recopilar una muestra arqueológica que mejor refleje este cambio y aplicarlo a las corrientes teóricas del estructuralismo y la performatividad política y de género. Incorporando estas corrientes se intenta tener un mejor entendimiento de los pensamientos de Hatshepsut al decidir esta transición y traer los contextos políticos, sociales y religiosos pertinentes para analizarlos como posible uso de propaganda.

CONTEXTO HISTÓRICO

Para poder entender las representaciones de Hatshepsut, hay que conocer el contexto histórico de Antiguo Egipto en que ella se encontraba. Hatshepsut nació durante los principios de la dinastía XVIII, que marcó uno de los periodos más exitosos del imperio y un comienzo de una era más pacífica (Matić, 2016). Irónicamente, también se reconoce por su escasez de herederos varones, una situación que es lo que impulsa Hatshepsut al poder (Matić, 2016). Su padre, Tutmosis I, era el faraón en ese tiempo y su madre una de sus esposas primarias. Para asegurar que nazca un heredero varón, era común que los faraones también tuvieran hijos con sus esposas secundarias. En uno de estos matrimonios resulta el nacimiento de Tutmosis II. Cuando el faraón muere, la única manera de que a Tutmosis II le pertenezca el título de faraón es casándose con su hermanastra, Hatshepsut, que tenía un rango más alto dentro de la familia real (Brier, 1997). Éstos se casaron y tienen a una sola hija, Neferure, ya que Hatshepsut se encontró incapaz de tener más (Brier, 1997). Con una de sus esposas secundarias Tutmosis II tiene a un hijo varón llamado Tutmosis III (Brier, 1997). A éste le correspondía el trono luego de su padre, pero resultó que Tutmosis II era un hombre bien frágil de la salud, por lo tanto, muere sumamente joven. Como era una muerte inesperada y repentina, Tutmosis III aún era un niño pequeño y la única persona que cualificaba para manejar el puesto de manera interina es Hatshepsut (Brier, 1997).

El hecho de Hatshepsut ocupara este puesto hasta que Tutmosis III llegara a la edad apropiada no era fuera de lo común dentro de la política egipcia. A principios de su reino, Hatshepsut se refería a ella misma con el título de “King’s Great Wife”, que se relacionaba con la posición de reina (Brier, 1997). Utilizando este título, ella reconoce que su posición no es una de faraón o una permanente, sino ella funciona para mantener el orden divino hasta que le corresponda el mando a Tutmosis III. Se representa vistiendo regalia tradicional para una reina como la peluca ibes y el khat que podía ser utilizado por miembros de la familia real sin importar su género (Matić, 2016). Además del uso de regalia femenina, su género era reflejado dentro de sus iconografías por representarse con una figura de cuerpo más definida, posición con los pies juntos, piel más amarillenta y el uso de un vestido típico femenino hasta los tobillos (Matić, 2016; Laboury, 2014). Sus estatuas concordaban con características femeninas también, enseñándola como “slender, with an aquiline nose, and full cheeks” (Brier, 1997). Otro aspecto que concuerda con esto es que, en Antiguo Egipto, la reina siempre se vio como complemento a su esposo. Por esto, Hatshepsut le rinde mucho culto al difunto Tutmosis II y su padre, Tutmosis I, porque ellos evidenciaban que ella pertenecía al linaje divino de la realeza egipcia (Matić, 2016). Representándose de esta manera, ella concuerda con las reglas implícitas de cómo se veía y actuaba una reina. Estas características se interpretaban como innatamente femeninas y existía una diferencia indiscutible entre las representaciones de Hatshepsut y las de faraones anteriores.

Sin embargo, en el séptimo año de su reino ocurre un cambio drástico. Tutmosis III ya tenía la edad para poder ocupar el puesto de poder, pero en vez de acceder este cambio de mando, Hatshepsut misma cambia su título de reina al de faraón (Matić, 2016). Esta alteración no solamente significó una transformación de su puesto, sino también de su apariencia en iconografías y estatuas. Se empieza a representar con características asociadas a figuras masculinas como: hombros más anchos, la presencia de músculos, piel rojiza y una cara más estrecha y perfilada (Matić, 2016). Sus características físicas no son los únicos aspectos que cambian, también empieza a utilizar la regalia de faraón oficial que era usado exclusivamente por éstos. Se representa vistiendo el nemes, la corona azul, la corona blanca y la barba falsa además de vestir el shendyt que era una falda comúnmente usada por hombres en Antiguo Egipto (Matić, 2016). Sus representaciones masculinas también se perpetuaron en su muerte. Originalmente durante los primeros años de su reino se le diseñó un sarcófago donde las inscripciones especificaban que era para una mujer de la realeza. Sin embargo, cuando ella se nombró faraón, ella comisionó que se le hiciera otro que reflejara su título nuevo (Brier, 1997)

A pesar de que las maneras en que ella se representa cambian, documentos de la época explican que, desde su cuerpo, o sea ella como individuo, no exhibió cambios en las formas de vestirse ni expresarse (Matić, 2016). Tampoco intenta borrar iconografías pasadas que se referían a ella como mujer. De hecho, ella continúa utilizando pronombres femeninos y su nombre que tenía sus propias connotaciones femeninas porque se traduce a “formost of the noble women” (Brier, 1997). Hatshepsut hasta desarrolla epítetos nuevos que exaltan su posición como faraón y al mismo tiempo conservan su feminidad. Éstos se identifican como “Perfect Goddess”, “Daughter of Ra”, “Female Horus” y “Lady of the Two Lands” (O’Neill, n. d., 8).

Además de cambiar sus representaciones a una figura masculina, Hatshepsut también utiliza otros métodos para justificar su posición como faraón. Dentro del contexto político y religioso de Antiguo Egipto, los faraones tenían un linaje familiar directo con los dioses. Esto era lo que “equated a king’s divine appearance to god-like acts” porque los faraones eran la representación de los dioses en el mundo humano (O’Neill, n. d. 8). Hatshepsut incorpora esto en sus representaciones de maneras diferentes. En un caso, ella se representa como un niño, con los genitales acordes, siendo creado por el dios Khnum (Matić, 2016). La imagen ejemplifica el nacimiento divino de Hatshepsut y es otra forma en que ella prueba su relación directa con los dioses. Por otro lado, Hatshepsut “created a mythical narrative which emphasised her status as a god-appointed king”, específicamente rindiéndole culto y énfasis al dios Amón Re (O’Neill, n. d., 9). Este dios se ve presente en un número significante en las imágenes hechas por Hatshepsut. Algunas veces ella se ve haciéndole ofrendas directamente o la presencia de unos cuernos de carnero que aludían a la presencia de Amón Re (Fletcher, 2017). Ella hasta crea un término feminizado, snnt, que significaba que ella representa a este dios “in essence and in action” (O’Neill, n. d., 10). Por todo el culto que le rinde Hatshepsut, Amón Re fue reconocido como la fuente de su legitimidad como faraón y crucial para su propia existencia (O’Neill, n. d.).

La toma de la posición de faraón por parte de Hatshepsut no fue recibida con muchas críticas ni obstáculos significantes. De hecho, el pueblo egipcio no se opuso a que ella permaneciera en poder porque “she was an excellent ruler and Egypt was content” (Brier, 1997). En cambio, Tutmosis III parecía estar contento en concentrarse únicamente en su parte dentro de la milicia, ya que no tenia que atender a otras tareas que venían con el título de faraón (Brier, 1997). Todos estos aspectos fueron lo que caracterizaron y facilitaron el reino de Hatshepsut y teniendo esto en cuenta podemos analizar su figura dentro de los contextos iconográficos que ella misma desarrolló.

REVISIÓN DE LITERATURA

Varias lecturas de distintas índoles y énfasis se incluyen en este estudio para poder acaparar su complejidad. El documental titulado Hatshepsut: The Queen who would be King funcionó como un recurso de contexto histórico fundamental además del escrito por Uroš Matić, “(De)queering Hatshepsut: Binary Bind in Archaeology of Egypt and Kingship Beyond the Corporeal”, que expuso las características comunes que diferenciaban las iconografías de hombres y de mujeres. El escrito de O’Neill “Hatshepsut, king of Egypt” nos describe las maneras diferentes en que Hatshepsut manifestó y justificó su posición como faraón. El documental Egypt’s Lost Queens también aporta a esta parte de la discusión dándonos un mejor entendimiento de los contextos políticos del Antiguo Egipto y las diferentes acciones que tomó Hatshepsut. Para denominar la muestra arqueológica, los textos de “How and Why Did Hatshepsut Invent the Image of Her Royal Power?” y Hatshepsut: From Queen to Pharaoh incluyen una gran cantidad de imágenes que incluyen las estatuas e iconografías de Hatshepsut a través de los años, cortas descripciones de la acción y personajes que se presentan y explican algunas de las inscripciones que acompañan estas imágenes.

Para el énfasis teórico de la investigación se utilizaron los capítulos seis y ocho del libro de Matthew Johnson Archaeological Theory: An Introduction como base para mejor entender las maneras en que se estudian los pensamientos e ideologías de personas en el pasado y para tener un conocimiento sobre los propósitos y maneras que se puede llevar a cabo la performatividad. Del capitulo seis “Thoughts and Ideologies” es que se toma la escuela teórica del estructuralismo porque se entiende que es la mejor manera de acaparar la complejidad de los pensamientos de Hatshepsut para entender el por qué ella construye sus iconografias de estas maneras. Además de utilizar el capitulo ocho “Archaeology, Gender, Identity”, también se incorpora el libro por Richard Schechner, Performance Studies, que explica la performatividad de una manera más general. El escrito de Uroš Matić “(De)queering Hatshepsut: Binary Bind in Archaeology of Egypt and Kingship Beyond the Corporeal” también funcionó para adentrar el tópico del ‘performance’ de género además del contexto histórico que se mencionó anteriormente. Para un mejor entendimiento de qué significa la performatividad política, se incorporó el artículo “Political Performance: A Framework for Analysing Democratic Politics”. Aunque en el título especifica el análisis dentro de la política democrática, aún se pueden hacer comparaciones y aplicar a la monarquía egipcia. Dentro de este ‘performance’ político se incorpora entonces el aspecto de propaganda, los capítulos de libros “Compelling Images” y “Elite Culture, Iconography, and Propaganda” por Marshall Soules y Katie Stevenson respectivamente comparan las diferentes maneras en que las personas en poder dentro de otras circunstancias usaban imágenes para beneficiar su imagen pública. También la página de internet publicada por Britannica provee una explicación general de los usos y propósitos de la propaganda.

JUSTIFICACIÓN

Para justificar esta investigación hay que tener en cuenta que no existe un estudio entero sobre las representaciones de Hatshepsut como un ‘performance’ político o de propaganda. Solamente se menciona superficialmente en el documental de Egypt’s Lost Queens y no se adentra mucho en el tópico. Es necesario complejizar la figura de Hatshepsut de esta manera porque así podemos entender las circunstancias en que ella se encontraba que la impulsó a este cambio completo de iconografías.

Aparte de esta razón, también podemos ver cómo la figura de Hatshepsut complejiza el campo de la arqueología cuir. Muchas veces cuando vemos una figura histórica que aparenta existir fuera del binario que nosotros conocemos, se asocia su apariencia como una representación de su identidad de género. Es decir, cuando estudiamos las iconografías de Hatshepsut por sí solas, se puede llegar a unas interpretaciones que tal vez incorporen una identidad trans o algo por ese estilo. Sin embargo, cuando vemos la documentación de su comportamiento externo y corporal, además de los contextos sociales y políticos de ser faraón, podemos inferir otras conclusiones. Incorporando todos estos aspectos es lo que diferencia este trabajo como uno arqueológico en vez de uno de historia del arte.