No tengo mucha memoria de cuándo empecé a sentir que esta vida era muy frágil. Creo que la sensación más palpable de ese sentimiento la experimenté un día de diciembre. Viajé de Valparaíso a Santiago para celebrar los tres añitos de vida de mi sobrino. 🚀 Recuerdo cada detalle de ese día como si hubiera sido ayer. La felicidad de esos tres años quedó tan plasmada en mi memoria que quise escribir sobre esto.📝
El cielo estaba despejado y el alocado ajetreo de aquel día nos despertó para tener todos los preparativos listos. Me detuve a observar su pequeña vida. Decidimos caminar hacia el sauce, junto al agua, en la entrada de su campo, como lo dice él. Fue una caminata mágica: su inteligencia, los diálogos eternos, los animales y el sonido del viento en medio de la naturaleza.
Lo cargué en brazos para hacerlo dormir en aquel sauce. Y en ese momento sentí que algo quería arrebatar la vida de mi sobrino. Lo apreté contra mi pecho y, en un clamor desesperado, le dije a Dios: “Por favor, no me lo arrebates”.
Ese día no fue un día más.
Diciembre de 2025. Sentí que esa fragilidad que está conectada con cada uno de nosotros podía estar cerca. Lo que yo no sabía era que, en mayo de 2026, mi pequeño sobrino enfrentaría un diagnóstico raro incluso para quienes estudian medicina.❤️🩹🥹
No puedo expresar en estas líneas todas las emociones que experimenté, pero sí quiero dejar plasmado cómo Jesús adiestró mis manos para esta batalla.
No era una etapa en la que me encontraba reconciliada con mis dones y la iglesia ⛪️.
Recuerdo aquella sombría noche cuando mis padres se enteraron del diagnóstico de su nieto viaje a verlos ( abril 2026) a la casa de mi adolescencia, donde actualmente fue imposible no acoplar los recuerdos, las experiencias de mis primeros años como cristiana, ese día entendí algo que cambió mi forma de vivir:
“la verdadera fragilidad de la vida no es un diagnóstico médico, no es una pérdida ni una crisis en esta tierra, sino que nos sea quitado el Espíritu Santo” 🕊️
En parte entendí el clamor del rey David en el salmo 52:11 No me apartes de tu presencia ni me quites tu santo espíritu. Anhele con ansias volver a ese primer amor, sentía muy tristemente lo que estaba viviendo mi hna y mi cuñado pero también sentía tristeza por haber dado por hecho su presencia en mi vida 😔
Por la gracia del Señor pude orar por mi sobrino, ungir su ropita y recordar cada palabra de su presentación, entendiendo que esta guerra no era solo para Santi, sino una guerra que quería cautivar nuestros corazones: el mío, el de mis padres, el de mis hermanos y el de los padres de Santiago.
Entonces comprendí que, así como los sauces necesitan crecer junto al agua, también mi sobrino y todos quienes nacemos a una vida en el Espíritu necesitamos vivir dependiendo de esa agua de la que habla la Escritura. Esa agua de la que Jesús le habló a la mujer samaritana cuando le dijo: “Si bebes de esta agua, no tendrás sed jamás”.
Esa agua es la vida en el Espíritu. Es un agua que nos mantiene plenos aun cuando nuestra vida esté fragmentada. Es un agua que nos sostiene incluso frente a diagnósticos médicos, frente al temor de que nos sea quitado algo que Dios nos ha dado. Pero todo le pertenece a Él, incluso la vida de mi sobrino.
Nos desgastamos buscando estabilidad, buscando comodidades que no existen, que muchas veces son una utopía. El temor me invade y siento que es muy injusto que mi sobrino tenga que pasar por algo así, pero más injusto sería no brindarle esa agua que necesita para enfrentar esta guerra y todas las que vendrán por delante.
Y esa agua es el precioso Espíritu Santo.
pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna. Juan 4:14
Santiago Ezequiel, naciste para ligas mayores.