Caminando por las calles de Madrid fue que me di cuenta de una atmósfera urbana más relajada y tranquila donde la población puede cogerse tiempo para sí mismo y disfrutar de los espacios que le rodean. La personalidad y ‘flow’ de la ciudad contrastaban completamente con lo que conocía de mi ciudad nativa, San Juan, Puerto Rico. La mayoría de los negocios cerraban de 1 a 3 de la tarde para luego abrir hasta el anochecer y otros permanecían cerrados todo el día con un letrero indicando que los dueños estaban de vacaciones. Después de internalizar este fenómeno cultural, pude definir lo que realmente separaba el estilo de vida madrileño al de San Juan: la ética laboral y el ocio.
Las horas en que trabajamos consisten en grandes partes de nuestros días, así que de algún modo tendrían que afectar nuestra calidad de vida, salud mental y relaciones con los espacios urbanos que nos rodean. No se trata solamente de existir en un espacio urbano, sino disfrutar de sus particularidades y vivencias que se desarrollan en él. Por lo tanto, en esta investigación trataré de contestar: ¿Cómo las diferentes jornadas y éticas laborales afectan nuestra calidad de vida personal, que luego influencian nuestro derecho a disfrutar los espacios en que vivimos?
El tiempo libre es vital para nuestra salud mental, sin embargo, la cantidad que se considera aceptable es condicionada a los contextos culturales en que se desarrollan (Ortiz Negrón, 2013). Se pueden analizar las regulaciones que existen en estos dos países para proteger los derechos de sus empleados como: la cantidad máxima de horas laborales, los horarios que se les requiere, la paga por su ‘overtime’ y cantidad de días libres pagados que se le otorgan. Otro factor que se puede destacar sería cómo estas compañías encuentran formas de alterar la ley para el beneficio de ellos, no de sus trabajadores. Además de los aspectos legales que regulan estas organizaciones, también la perspectiva cultural juega un papel significativo en la discusión de la ética laboral. En la cultura americana, los empleados son sometidos a una presión exorbitante de producción constante, que los persigue hasta las horas que se supone que tengan libres. Sin embargo, el lema laboral de los países europeos es “work smarter, not harder”, así que se hace claro que hay diferentes perspectivas hacia cómo se debe trabajar. Debido a esto, trabajan menos horas y se le otorgan más días libres mientras exhiben niveles más altos de productividad que en Estados Unidos. Incluso, el valor cultural del dinero varía grandemente en las ciudades europeas versus las americanas. Por estas razones, Madrid y San Juan muestran una dicotomía interesante en relación con la cultura laboral. Por otro lado, se escogen estas ciudades por sus diferencias en el uso, cantidad y acceso a espacios públicos. Esta parte del discurso es importante porque como el residente tiene el derecho al descanso, necesita un espacio libre de costo donde lo pueda llevar a cabo. Este tema es fundamental para el concepto del ‘Derecho a la Ciudad’ porque todos tenemos el derecho al tiempo libre y a disfrutar los espacios urbanos que nos rodean. Si se le pone tanto énfasis al trabajo, sea por precariedad económica o presión a la productividad, pues no podemos vivir (de forma literal y metafórica) en las ciudades que ocupamos.
Cuando las fábricas y centros de producción comienzan a mudarse fuera de los centros urbanos, los tipos de trabajos que habían disponibles dentro de las ciudades también cambian. El industrialismo requería una fuerza laboral inmensa, trabajando largas horas para producir la mayor cantidad de productos posibles. Así que cuando empieza la época postindustrial nos debemos preguntar: ¿Si el capitalismo ha desarrollado diferentes formas de producir más en menos tiempo, por qué no se ha reducido la jornada laboral (Tapia, 1998, 59)? Debido a luchas obreras, se ha reducido esta cantidad de horas mínimamente. Pero sin el alza de sus sueldos, la clase trabajadora muchas veces se vio obligada a tener múltiples trabajos (Tapia, 1998, 59). La historia de la lucha obrera en Madrid incluye una variedad de protestas a través de los años. Entre las más importantes, en 1904, después de diez años en lucha, se aprobó una ley que requiere el domingo como día de descanso (Maestre, 2013). Luego en el 1919, se llevo a cabo la huelga de la Canadiense donde España se convierte en el primer país europeo que concedió la jornada laboral de ocho horas (Maestre, 2013). En el presente, se continúa la discusión de derechos laborales con una propuesta presentada en el 2019 para una reducción de la jornada semanal a 34 horas sin permitir una rebaja en salarios (Europa Press, 2019). Actualmente, los españoles trabajan un día de máximo 9 horas y 40 horas a la semana (“Spanish Labour Laws”, 2019). Todavía es común ver una jornada en España de 9am a 7pm con una siesta larga para almorzar de 1pm a 4pm, aun así, como la siesta funcionaba mejor en un contexto de trabajo agrícola, muchas compañías se han adaptado al horario de 9am a 5pm (“Work Life Balance”, n.d.). Toda la clase trabajadora tiene un mínimo de 30 días libres, que no se pueden intercambiar por algún tipo de pago, además de días libres pagados que son a digresión de la compañía decidir (“Spanish Labour Laws”, 2019).
Por otro lado, el estatus colonial de Puerto Rico se entrelaza con las leyes que hay en Estados Unidos. Aunque la mayoría de los americanos trabajan 40 horas a la semana, no hay una ley federal que establezca un máximo de horas que se puedan trabajar (Miller, 2018). Típicamente, se otorga una hora de almuerzo de 30 minutos a 1 hora, pero la mayoría de la clase trabajadora come en su escritorio para poder terminar lo antes posible, continuar alguna tarea o se les requiere asistir a alguna reunión (Kumar, 2019). Además de que no haya una ley estableciendo el mínimo de días libres pagados anualmente, tampoco existe un mínimo de días separados por enfermedad o por maternidad (Miller, 2019). De acuerdo con el punto establecido anteriormente, “la productividad del trabajador americano ha incrementado 400% desde 1950” (Miller, 2019). Aun así, la jornada laboral no ha disminuido y los salarios tampoco aumentan en relación con lo que el empleado produce.
Es evidente, que los españoles y los americanos tengan diferentes opiniones sobre el trabajo por las grandes diferencias que existen dentro de las regulaciones oficiales. Estas leyes son lo que se supone que proteja al empleado de alguno abuso por su patrono, pero como son casi inexistentes en Estados Unidos, pues ocurre una presión más fuerte hacia el empleado. Pese a que estas leyes sirven para proveer limites oficiales a diferentes compañías y patronos, también influyen en las perspectivas culturales que la población tenga hacia el trabajo. En Estados Unidos existe una presión exorbitante a ser productivo constantemente o siempre hacer más de lo que el patrono le pide, aunque no reciba ningún pago adicional. Aquí entra lo que conocemos y demonizamos como concepto de la ‘vagancia’. Sirve como un conductor moral para la productividad y nos permite juzgar a otras personas basado en cuánto trabajo no han realizado (Ortiz Negrón, 2013). En la lectura titulada por Laura Ortiz Negrón (2013), se complejizan los diferentes tipos de tiempo en que dividimos nuestras vidas. El tiempo privado es determinado por el contrato y salario del empleado, el tiempo forzado incorpora todas las acciones que necesitas hacer para realizar tu trabajo, pero no necesariamente son compensadas monetariamente. Por ejemplo, tiempo que uno gasta preparándose/vistiéndose para el trabajo, tiempo que requiere la transportación, citas médicas, obligaciones personales y sociales, etc. El tiempo libre es el poco tiempo que queda donde uno tiene autonomía total sobre sus acciones. Esto enseña que no se trabaja únicamente de 9am a 5pm, sino que se suman acciones en nuestras vidas privadas que son necesarias para nuestras labores. El trabajo siempre va a permear nuestro tiempo libre de una forma u otra, sea completando un informe para el próximo día, contestando correos electrónicos o asistiendo a reuniones fuera de horas laborales.
En la Declaración de los Derechos Humanos de Puerto Rico, el artículo 24 establece que “toda persona tiene le derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas” (Ortiz Negrón, 2013, 85). Aunque se nos garantiza el ocio como un derecho, otras leyes impiden el tiempo libre que se nos puede otorgar. Estudios prueban que el tiempo libre es necesario para que los humanos prosperen y mantengan una salud mental estable (Negrón Ortiz, 2013). Sin embargo, los estresores del trabajo más crónicos todos se entrelazan con el volumen de trabajo y el tiempo que se les provee. De acuerdo con un estudio que se realizó en Puerto Rico en el 2009, se señalan que algunos de estos estresores son “la sobrecarga de trabajo, itinerarios de trabajo… no proveer tiempo suficiente para una tarea” (Morales Cortés, 2009, 133). Esto obviamente se manifiesta en el tiempo libre de la persona, donde es obligado a terminar estas tareas fuera de obras laborales o es condicionado al estrés que le trae. Mas aún, puede resultar en el desarrollo o empeoramiento de enfermedades mentales como la ansiedad y depresión. También, el estrés dentro del trabajo puede resultar en mayor irritabilidad y agresión que en consecuencia afectan las relaciones sociales y vidas personales de los individuos (Morales Cortés, 2009). Las compañías y organizaciones aún sostienen la mentalidad de que sus empleados son robots que no necesitan descanso ni tiempo para sí mismos. No toman en cuenta que cae en ellos promover la estabilidad mental dentro de la compañía e ignoran el hecho que una persona sobrecargada, no necesariamente es la más productiva. La salud mental y el ocio de una población es esencial para el diario vivir en la ciudad. La falta de tiempo libre provocará la falta de producción cultural, artística y social dentro del espacio urbano. Si viajamos del trabajo a nuestras casas todos los días, se verán afectadas las relaciones sociales y partes de la economía porque no tenemos el tiempo para salir, comer, pasear y disfrutar donde vivimos.
Otro aspecto importante para esta discusión es el valor cultural que se le otorga al dinero en estas dos ciudades. Debido al materialismo crónico que existe en Estados Unidos, es común el pensamiento que el dinero y objetos puedan comprar la felicidad de un individuo. También debido a la precariedad económica, residentes se sobrecargan de trabajo ahora, para en el futuro no tener que hacerlo. Pero, si estamos todas nuestras vidas trabajando ¿cuándo vamos a poder disfrutar el dinero que generamos? Esto contrasta completamente con el valor que los europeos y madrileños le otorgan al dinero. En la corta transcripción de un audio titulado “Cadillac’s Viral Ad Glorifies America’s Crazy Work Ethic, but my French In-Laws don’t buy it”, ejemplifica perfectamente estos dos modos de ver el mundo (2014). En el anuncio, el americano glorifica el trabajar constantemente, solo tener dos semanas de vacaciones al año y perpetua el ideal capitalista de ‘cualquier persona puede ser rica si trabaja 24/7’. La pareja francesa condena sus perspectivas materialistas y que el hombre no le presta importancia a la cultura o arte, que es lo que realmente importa. Aunque la pareja no es madrileña, esto es increíblemente común en Europa, donde se valora más la experiencia, tiempo libre, felicidad y cultura sobre objetos materiales. Esto es posible únicamente por la cantidad de días libres que se le otorga a cada empleado, vivir y ‘experience’ ciudades va a la mano del tiempo ocio que tiene el individuo. No obstante, Europa y Madrid no están exentos a problemas como la pobreza y precariedad económica, pero es evidente que las atmósferas de las ciudades y las personas cambian como consecuencia de tener estas regulaciones hacia el trabajo. La perspectiva americana hacia el trabajo interrumpe las relaciones que nosotros tenemos con nuestra ciudad y eventualmente nos aíslan de ella. Es indudable que en Estados Unidos la cantidad de horas que se nos presiona a trabajar en ciertos modos nos convence que nosotros no somos dignos de días de descanso o felicidad y eventualmente afecta nuestra calidad de vida.
Un último punto que ata esta discusión a la ciudad de San Juan es la importancia de espacios públicos para poder realizar actividades dentro del ocio. En San Juan hay una falta extrema de espacio públicos donde la población pueda pasar su tiempo libre sin costo alguno. Esto se debe al diseño urbano, ineficiencia del transporte público, falta de vías peatonales y privatización de los espacios. En contraste, en Madrid se encuentran una multiplicidad de parques y plazas en cada esquina. Están dentro de las áreas urbanas, donde se le hace más fácil a los residentes pasear, observar, respirar, pensar, entre otras acciones. Como las plazas se encuentran cerca de apartamentos, tiendas y restaurantes pues los residentes los usan o transitan diariamente, que contrasta totalmente con la realidad en San Juan. De acuerdo con el diseño urbano de San Juan y otras partes de la Isla, las plazas públicas raramente son utilizadas por el abandono a los cascos urbanos debido al énfasis que se le da a los centros comerciales y la prioridad que se le ha puesto al transporte en carro. Incluso, debido a que San Juan es difícil transportarse a pie, pues reduce la cantidad de ‘foot traffic’ y accesibilidad que es común en los parques de Madrid. En la familia puertorriqueña, la actividad que la mayoría de las personas llevan a cabo durante su tiempo libre es ver televisión (Meléndez Brau, 1999). Aunque esta actividad no es intrínsecamente negativa, es un producto de la falta de espacios públicos que nos rodean. Se nos hace imposible tener un día libre sin gastar algo de dinero, porque el estado no nos provee con los medios de disfrutar en la ciudad que vivimos. Se puede argumentar que esto afecta aún más la salud mental de las personas de clase baja, ya que las actividades recreacionales se encuentran limitadas porque todas tienen un precio. Disfrutar la ciudad en que vivimos y gozar el ocio son un derecho, pero se le ponen obstáculos porque la ganancia va por encima del bienestar emocional de la población.
Uno de los temas que más se discutió en clase es el hecho de que todas las ciudades son diferentes. Debido a la geografía, espacio y naturaleza colonial de San Juan, se convierte en una ciudad policéntrica donde los diferentes centros tienen distintos propósitos. De este modo, se vuelve una ciudad separada que únicamente se puede unir a través de la transportación privada. Además de tener distintas intenciones, Viejo San Juan, Santurce, Rio Piedras y Barrio Obrero alojan diferentes tipos de comunidades y personas donde se establecen unas fronteras simbólicas también. En Madrid, aunque existen centros económicos, turísticos, políticos y artísticos están entrelazados con las áreas residenciales y comercios pequeños. Esto provoca que no haya una separación bien clara entre lo suburbio y lo urbano así que todos estos sectores no se encuentran muy distanciados y se pueden transitar peatonalmente. Por ejemplo, uno puede empezar a caminar desde una zona residencial a la Gran Vía, luego al Museo del Prado y terminar en el Parque del Buen Retiro en menos de una hora. Incluso, mientras se transitan estos espacios el individuo se encuentra con una multiplicidad de parques y plazas pequeñas entre medio de sus destinos. Sin embargo, es imposible llegar peatonalmente o por transportación en tren a Plaza las Américas en San Juan (el centro comercial más grande de la Isla) por la falta de aceras y estructura urbana. La conectividad de la ciudad y el diseño urbano también afectan el ‘flow’ de la ciudad. Es decir, que las maneras que los espacios urbanos están diseñados afectan las formas en que nos asociamos con ellos y los utilizamos. El ‘flow’ de la ciudad no solamente tiene que ver con la estructura sino con la producción artística, cultural y social que se lleva a cabo en ella. Tiene que ver con la personalidad y perspectivas colectivas de los residentes que se basan en la historia, peculiaridades y leyes del espacio urbano.
La discusión del tiempo libre que se le otorga al empleado se le puede sumar el concepto de ‘place-making’. El ‘place-making’ toma tiempo, esfuerzo y requiere cierta relación con lo urbano y la comunidad. Durante el tiempo libre es que se empiezan los jardines comunitarios, piezas de arte urbano, cenas comunitarias, interpretaciones musicales, entre otros. Sin embargo, no podemos conectarnos de esta manera a nuestros alrededores si se nos presiona a estar constantemente preocupados de nuestros trabajos.
A través de esta investigación se ha hecho evidente que se nos hace imposible ejercer nuestros derechos por todos los obstáculos que el gobierno americano le pone a la clase trabajadora. El diseño urbano, la falta del ocio y la sobrecarga de trabajo crean fronteras imaginarias entre los espacios que, en consecuencia, afectan nuestra calidad de vida, salud mental y relación con la ciudad. Además, esto no nos afecta solamente como individuos, sino como sociedad y comunidades también. La jornada laboral y la presión que se le somete al empleado se puede resolver a través de política pública. Se debe tomar ejemplo de otras ciudades como Madrid para visualizar otro estilo de vida laboral para San Juan. Asimismo, se le debe dar más atención a los estudios que existen sobre la productividad en el sitio de empleo, de esta forma se enseñará que lo que comúnmente se pensaba, no es la realidad.
Debido a mis experiencias en Madrid, me permiten visualizar un futuro mejor para San Juan. Un balance del trabajo y el tiempo libre es necesario para poder prosperar como individuo y sociedad, pero también los espacios urbanos tienen una influencia fuerte de cómo vivimos. En fin, esta investigación muestra lo poderoso que es la perspectiva cultural hacia el trabajo y cómo se puede aprovechar de nuestra salud mental. A pesar de todos los obstáculos que se le ponen a la población, continúa estando en manos de la clase trabajadora para concientizarnos de nuestros derechos como ciudadanos, denunciar injusticias, promover cambios en leyes y defender nuestro derecho al descanso.
Me gustaría darle las gracias a la familia de mi ex-pareja por darme la oportunidad de viajar fuera de los Estados Unidos por primera vez. También a Ana por darme consejos en las cosas que podía mejorar en mi proyecto y por compartir sus propias experiencias en Madrid.