24/11/2025
A veces sin darnos cuenta, vamos viviendo con una presión constante:
la de agradar, encajar, no decepcionar a nadie.
Y aunque creamos que eso solo pasa en el colegio, la verdad es que sigue apareciendo en todas las etapas de la vida…
solo que cambian los escenarios.
Queremos caer bien.
Queremos ser “correctos”.
Queremos que nadie nos critique.
Y ahí, poco a poco, empezamos a alejarnos de lo que realmente somos.
A mí también me ha pasado.
Hay días en los que me descubro pensando más en la opinión de otros que en la mía.
Y sé que parte viene de la infancia, de la cultura, de cómo crecimos…
de todo eso que se va quedando guardado sin darnos cuenta.
Pero también sé que no quiero vivir así.
He ido aprendiendo que el problema no es que nos importe —somos humanos—,
sino cuando dejamos que eso defina nuestras decisiones, nuestros gustos, nuestras ganas.
Y aunque no es fácil, cada día intento regresar a mí, a lo que me gusta, a lo que me hace bien,
a lo que realmente quiero… incluso si no todos lo entienden.