Cuento clásico

El espejo

La niebla se enredaba entre las ramas desnudas de los árboles y golpeaba los ventanales como si supiera algo. Clara no lograba dormir. La casa, heredada de una tía lejana, parecía respirar en la oscuridad.

Esa noche escuchó un ruido en el pasillo. Pasos. Lentos. Se levantó, con más curiosidad que miedo, y siguió el sonido hasta la última puerta, la única que nunca había abierto.

Al empujarla, el cuarto la recibió con un aire frío y un espejo agrietado frente a la cama. Se acercó.

Y se vio.

Pero su reflejo no hacía lo mismo.

La otra Clara la observaba en silencio, con una expresión cansada, casi ajena. Luego levantó la mano y señaló detrás de ella.

Clara se giró.

Nada.

Cuando volvió al espejo, la otra ya no estaba.

Sintió entonces algo en su mano.

Pesado.

Frío.

Bajó la mirada, confundida.

Con los ojos gastados y algo en la mano que no recordaba haber sostenido nunca. un cuchillo oxidado

Cuento moderno

Lo que ya había pasado