El final

Volví sobre mis pasos y me detuve frente a la puerta marcada con el número 07. El metal estaba frío al tacto, como si la habitación respirara un clima distinto al resto del edificio. Sentí una punzada en el estómago. No estaba preparada para encontrarme con alguien más. Esperaba que 07 estuviera dormido, pero si no era así… no sabía cómo iba a reaccionar.

Adentro, el televisor seguía encendido, pero ya no mostraba su rostro. La imagen estaba distorsionada, cruzada por líneas de interferencia y estática. El rostro de 07 se había desvanecido, reemplazado por una lluvia de ruido blanco sobre fragmentos de código que se desarmaban en bucles infinitos. El aire tenía ese olor denso de encierro antiguo: óxido, polvo, electricidad y algo más… algo más parecido al abandono que a la muerte.

Me acerqué a la puerta. Puse la mano sobre la manija y dudé. La piel de los dedos me temblaba. Respiré hondo, y busque dentro mio esa fuerza que me daba valentia. Entonces accioné la palanca.

Un clic seco rompió el silencio. La puerta se destrabó y se abrió lentamente, como si cediera con desgano. El interior era más amplio que las demás salas, con techos altos recubiertos de paneles blancos y brillantes. Líneas de luz se encendían y apagaban en un ritmo intermitente. Algunos Cables colgaban del techo, y el zumbido de fondo era tan sutil como invasivo.

En el centro de la habitación, suspendida sobre una base metálica, había una cápsula translúcida. De líneas suaves, fabricada en un material que parecía una mezcla de vidrio y resina. Dentro, recostado y con los ojos cerrados, estaba él. El mismo joven que había visto en la pantalla. Su piel tenía un tono pálido, casi irreal, como si el tiempo no lo tocara. Su cuerpo parecía demasiado perfecto, no estaba como en las imagenes vendado, sino que tenia la piel inmaculada, como si nunca hubiera vivido fuera de esa cápsula.

A su derecha, una terminal empotrada en una base giratoria sobresalía del suelo. La pantalla era antigua, de letras verdes sobre fondo negro, con una interfaz básica y sin adornos. A un costado, una pequeña ranura metálica, un puerto USB polvoriento. Me acerqué con cuidado. La Memory Key que estaba en mi mano vibró suavemente, como si respondiera a la presencia de la terminal. Parecía viva.

El ECO me había advertido: él era la única forma. Solo junto a él podría recordarlo todo. También había dicho que, junto a él, podía destruirlo todo. No había término medio. Solo extremos.

Inserté la Memory Key. La terminal emitió un zumbido sordo. Desde los altavoces ocultos en las esquinas superiores de la sala, una voz grave y distorsionada resonó como si viniera de dentro de las paredes:

Autorización reconocida. Protocolo Omega listo para activación. Iniciando desbloqueo de memoria.

La pantalla parpadeó con una única pregunta:

¿Despertar al Sujeto 07… o activar la purga total?

Mi cuerpo entero se tensó. Sabía, de alguna manera, que ya habia tomado esta elección, que no era la primera vez. Esta era una repetición. Un bucle. En este momento no me importó porque lo unico que podia pensar era que necesitaba saber quién era él. Necesitaba saber quién era yo.

Presioné el botón “Despertar Sujeto 07”.

Sus ojos se abrieron de golpe. Eran oscuros, fijos, sin sorpresa, no se levanto de un sobresalto, simplemente habrio los ojos, con una calma antigua y profunda. Me miró con una intensidad que hizo que todo lo demás dejara de existir. Me atravesó con la mirada como si ya me conociera. Como si estuviera esperándome.

Su voz, cuando habló, fue apenas un susurro áspero:

—Sabía que ibas a venir.— Me dijo con voz ronca.

Tragué saliva. Mi voz salió sin permiso: —¿Me conocés?

Él no respondió. Mientras me seguia mirando fijo, movió una mano, lentamente. Parecia que el movimiento le estuviera costando toda su concentracion y fuerza de voluntad. La cápsula vibró con un sonido sordo, y una oleada de energía invisible me recorrió la espalda.

Un pinchazo detrás de los ojos. Una presión que se expandía en mi cabeza. Me apoyé con ambas manos sobre el borde de la cápsula, cerré los ojos, y entonces las imágenes comenzaron a llegar.